lunes, 13 de junio de 2011

El Barbo de la Rivera Araya II

El embalse estaba altísimo con unas orillas empinadas y complicado de andar, el sol a las 8 de la tarde me pegaba justo de frente y se reflejaba en el agua haciendo imposible ver los peces incluso con las polarizadas, a demás eran pocos los barbos que se dejaban ver muy metidos en la orilla sacando el lomo y aleta y delatando su posición.

Para colmo muy asustadizos, lo que me obligó a colocar un bajo muy largo y a presentar las moscas desde muy lejos y sin olvidarnos del aire, presente siempre en casi todos los embalses. Total, que con todo en contra empiezo a andar cada vez con menos esperanzas, recula tras recula, paso tras paso voy asustando a los pocos barbos que me voy encontrando en el camino.

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